Autor: Miguel Ortiz
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Recientemente, diversas organizaciones han demandado retirar los lineamientos de publicidad de productos ultraprocesados. ¿La razón? No protegen adecuadamente a la infancia. Pero, más allá de los trámites legales, hay una realidad que estamos ignorando: la publicidad ya no solo está en la televisión o en los empaques; vive en el contenido sin supervisión que nuestros hijos consumen en redes sociales.
1. El mito de la «Publicidad Tradicional»
Mientras las autoridades discuten lineamientos para medios masivos, los menores están expuestos a un flujo constante de:
- Influencers y YouTubers: Que integran productos poco saludables de forma «orgánica» en sus retos y vlogs.
- Publicidad Nativa: Anuncios camuflados como contenido de entretenimiento que eluden las restricciones actuales.
- Falta de filtros de edad: Algoritmos que priorizan el engagement sobre la salud nutricional del espectador infantil.
2. La vigilancia como un acto educativo
La protección de la niñez no termina con prohibir un personaje en una caja de cereal. El fondo del problema es educativo y de vigilancia activa:
- En casa: Necesitamos herramientas de alfabetización digital para entender cómo el marketing moldea los gustos de los niños desde temprana edad.
- En el Estado: La regulación debe evolucionar para auditar las plataformas digitales (YouTube, TikTok, Instagram) donde la publicidad de ultraprocesados es agresiva y personalizada.
3. El derecho a una infancia protegida en la era digital
No se trata solo de quitar un producto del mercado, sino de garantizar que el entorno digital donde crecen los menores sea seguro. La falta de regulación en redes sociales es un vacío legal que las empresas de ultraprocesados están aprovechando para llegar directamente a la mente de los niños, sin filtros ni supervisión adulta.
La conversación real debe ser: ¿Cómo protegemos a los menores de una publicidad digital que es invisible para los padres pero omnipresente para sus hijos?
